Leyendas urbanas que todavía siguen causando misterio
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¿Alguna vez has estado con alguien y, al marcharse, te has quedado agotado, de mal humor o con una sensación rara en el cuerpo? A eso es a lo que mucha gente llama “malas energías”: momentos en los que la presencia de una persona parece bajar el ambiente… y tu ánimo con él.
Aquí no vas a encontrar soluciones mágicas, sino una mezcla de rituales simbólicos y consejos emocionales para sentirte más ligero por dentro y por fuera.
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Cuando decimos que alguien tiene “malas energías” casi nunca hablamos de algo literal, sino de cómo nos hace sentir: tensión, incomodidad, nervios, cansancio, irritabilidad… Es una forma cotidiana de describir la suma de su actitud, su forma de hablar, su momento vital y la manera en la que todo eso impacta en los demás.
También puede referirse a emociones muy densas (enfado, rencor, tristeza acumulada, envidia) que no se gestionan bien y acaban “contagiándose” al entorno. No es un diagnóstico médico ni nada místico obligatorio: es una etiqueta que usamos para entender por qué, con ciertas personas, nuestro cuerpo nos pide distancia.
No siempre es fácil saber si alguien está “cargado”, pero hay patrones que se repiten. Algunas señales típicas son:
Si varias de estas señales se repiten, es posible que necesites quitar malas energías de tu entorno y proteger tu propio equilibrio emocional.
Antes de ver rituales concretos, recuerda algo clave: no puedes cambiar a alguien que no quiere cambiar, pero sí puedes limpiar y proteger tu campo emocional, y también ayudar sin absorber su carga.
Los siguientes rituales para quitar las malas energías funcionan sobre todo como herramientas de higiene emocional y simbólica, igual que abrir una ventana para ventilar una habitación.
Un baño o ducha de descarga es un momento en el que aprovechas el agua para imaginar que se lleva lo que pesa.
Puedes usar sal gruesa, hierbas aromáticas (como romero o lavanda) o geles con aromas cítricos para reforzar la sensación de limpieza. La idea es que, si has estado con alguien muy cargado, luego te des una ducha consciente para quitar las malas energías que hayas podido absorber.
Puedes probar así: en la ducha, frótate suavemente con sal en brazos, cuello y espalda (evitando zonas sensibles) y piensa en todo lo que quieres soltar. Luego deja que el agua corra mientras visualizas cómo se va por el desagüe.
Si tienes bañera, puedes preparar un baño templado con un puñado de sal y unas gotas de aceite esencial. Es un gesto sencillo que convierte algo cotidiano en un pequeño ritual para quitar las malas energías y volver a tu centro.
Otro clásico para limpiar las malas energías es usar humo y fuego de forma simbólica. Se suele recurrir a incienso, salvia, palo santo o varitas aromáticas, pasándolas alrededor del cuerpo (siempre con cuidado) y de la habitación, como si “barrerás” energías densas.
Las velas también se usan mucho: encender una vela blanca mientras piensas en calma, equilibrio y protección puede ayudarte a marcar un antes y un después tras haber tratado con alguien muy negativo.
Si quieres ir un paso más allá, puedes combinarlo con: abrir ventanas, ordenar, tirar cosas que ya no quieres, poner plantas o piedras que te transmitan paz. Mientras aireas la casa, pasa el incienso por puertas y esquinas y repite mentalmente algo como: “Que se vaya lo que ya no aporta nada bueno”. No hace falta creer en nada concreto: lo importante es que tú sientas que estás poniendo límites y cuidando tu espacio.
También puede que esa persona con malas energías sea alguien a quien quieres: un amigo, un familiar, tu pareja. En esos casos no se trata de huir, sino de ayudar sin quemarte.
Escuchar está bien, pero pon límites: puedes decir “hasta aquí puedo hoy” o proponer hablar de soluciones en lugar de repetir siempre el mismo problema.
Es clave que te cuides mientras acompañas: respira hondo, toma pequeñas pausas, cambia de tema si notas que te está arrastrando y, al terminar, haz un gesto de descarga (caminar un rato, escribir lo que sientes, darte una ducha de las que hemos mencionado).
De esa forma, quitar las malas energías de una persona, no pasa por sacrificarte tú, sino por estar presente desde tu equilibrio.
Al querer ayudar o limpiar el ambiente, es fácil caer en algunos errores que, al final, empeoran todo:
Si evitas estos errores y combinas rituales para quitar las malas energías con límites sanos, autocuidado y comunicación honesta, será mucho más fácil convivir con personas intensas sin que su carga se convierta en la tuya. Al final, no se trata de vivir obsesionado con la negatividad, sino de crear un entorno donde tu energía se sienta ligera, protegida y en paz.