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Entrar en una cafetería de tercera ola y leer la pizarra puede generar más dudas que un examen de física. Sin embargo, dominar el arte del café de especialidad es más sencillo de lo que parece. La clave no está solo en el nombre de la bebida, sino en entender la trazabilidad del grano, el tueste artesanal y la precisión en la preparación que hay detrás de cada taza.
Si quieres dejar de pedir «un café solo» y empezar a disfrutar de notas de cata que van desde el chocolate amargo hasta los frutos rojos, esta guía es para ti. En Smoking te enseñamos a distinguir los matices para que tu próxima experiencia cafetera sea de otro nivel.
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Para responder a qué es el café de especialidad, debemos alejarnos del concepto de «café industrial». Un café de especialidad es aquel que ha obtenido una puntuación superior a 80 puntos en una escala de 100, según los estándares de la Specialty Coffee Association (SCA).
Pero, más allá de la nota, qué es un café de especialidad se define por la transparencia y la calidad en toda la cadena de suministro:
A la hora de decidir qué café es mejor, la respuesta es subjetiva, pero depende de cuatro factores técnicos que alteran radicalmente lo que sientes en el paladar:
Si buscas intensidad, el mejor será un espresso de origen brasileño. Si buscas algo ligero que parezca una infusión frutal, un grano etíope en V60 será tu ganador.
Una vez que tienes claro el concepto, llega el momento de enfrentarse a la carta. Los tipos de café de especialidad varían según la cantidad de leche, el tiempo de extracción o el método de filtrado. Aquí tienes los términos imprescindibles:
El Espresso es la base de todo. Son unos 30 ml de café extraídos a alta presión en unos 25-30 segundos. Debe tener una capa de «crema» avellana en la parte superior. Si buscas algo aún más concentrado, el Ristretto utiliza la misma cantidad de café pero con la mitad de agua. Es un «chupito» de pura esencia, menos amargo pero con mucho cuerpo.
Aquí es donde la mayoría se confunde. El Latte es una bebida larga, con mucho volumen de leche vaporizada y una capa de espuma generosa. El Flat White es más corto: lleva un doble shot de espresso y una capa muy fina de leche «micro-texturizada» (casi sin espuma). El resultado es un sabor a café mucho más presente pero con una textura sedosa.
Entramos en el terreno de los «filtrados» o pour-over.
No es café con hielo; es café macerado en frío. Se deja el café molido en contacto con agua a temperatura ambiente o fría durante 12 a 24 horas. El resultado es una bebida con baja acidez, mucha cafeína y un dulzor natural sorprendente. Es perfecto para los días de calor y se sirve solo o con una rodaja de naranja.
Para los que sabemos apreciar las cosas buenas, el café no es solo una bebida energizante, es un momento de pausa. Hay una sinergia perfecta entre el mundo del café de especialidad y el ritual de liar tu propio cigarrillo con Smoking.
Ambos procesos requieren atención al detalle, paciencia y la búsqueda de la calidad máxima. Al igual que eliges un grano de origen único por sus notas de cata, eliges tu papel de fumar (ya sea el clásico Brown o el finísimo Deluxe) para que nada interfiera en el sabor de lo que estás disfrutando.
Imagina la escena: tienes tu taza de V60 recién filtrada, con ese aroma a jazmín y melocotón inundando la mesa, y te tomas un minuto para preparar tu Smoking con calma. Es ese «kit-kat» en el día donde el tiempo se detiene. La pureza de un café sin azúcar y la combustión lenta de un papel de calidad forman el maridaje perfecto para quienes entienden que el placer está en los matices, no en las prisas.
Al final, pedir como un pro es simplemente saber qué te gusta y por qué te gusta. Ya sea un espresso potente o un filtrado delicado, lo importante es que cada sorbo cuente una historia.